Apología amorosa (2005)

Un hombre, una mujer, pasión, calle con pocas luces, algo de comprensión que no se entiende. Sonrisas baratas, regalos caros: Una caricia, un beso, otro beso apasionado, la locura, el espasmo descontrolado, la imaginaria convicción de haber encontrado el porque de sus vidas en un par de horas. La esperanza, los besos, la negación, el dolor, la despedida, un llanto, y la odiosa certeza de saber que ese no era un posible exilio a la soledad.

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Published in: on diciembre 1, 2011 at 4:27 pm  Dejar un comentario  

Las tardes del Sol

Así de a poco, los mates se van lavando, los palitos empiezan a volar, se golpean unos a otros y la espuma se hace agua tibia con reminiscencias a mate. Y en casa humilde, la yerba se estira, porque la prosperidad se mide en unos mates silenciosos alrededor de la mesa aunque sea con yerba secada al sol. No importa que sean amargos o dulces, el espacio del mate es un espacio sin ofensas. “Y cada siete mates un cachito de yerba pa’ que no se lave” le dice un viejo albañil a un peoncito quinceañero. Yo los escucho desde la vereda, los veo compartir ese momento a golpe de arena y revoque. Me sonrío por haber nacido argentino, sabalero, paraguayo o simplemente sudaka. Una vez traté de explicarle e inculcarle el amor por el mate a un europeo. “¿Es cómo un té que se toma con sorbete y a cualquier hora?” “¿Qué te acostumbras a él al punto de ser un adicto?” “Si, pero no es solo eso es mucho más. Como explicarte…” -Dije mientras le ofrecía un buen amargo con Rosamonte-. Tomó un par de mates pero después le agarró dolor de panza, cagadera y si bien no me maldijo en voz alta, les aseguro que sus entrañas si lo hicieron. Pero estoy seguro que por dentro se sintió feliz que lo hiciéramos parte de nuestra costumbre y le convidáramos un poco de nuestro verde noroeste para que lo chupara por una bombilla. El pasado no se transmite y creo que si el barcelonés hubiera estado tomando unos mates conmigo, mi primo y Raul de pibes alrededor del fogón, al lado del Arroyo Grande, fumando “Particulares” y cantando canciones de Figueroa Reyes probablemente se hubiera hecho adicto. A veces los mates tienen ese gustito a pasado que hace volver a sentir el humo del “Particular” y en cada chupada se nos revuelve el alma en la garganta.

Published in: on noviembre 30, 2011 at 2:31 pm  Comments (3)  

Hambres

El hambre de estar destinado a crecer en este cuerpo,
de ser rival de alguien,
de saber que en un guiño cósmico mis ojos se volverán a la nada.
La certidumbre infinita de no poder abarcarme,
de ser una flecha de luz que choca con otras dimensiones.
Caigo de bruces, los labios se llenan de sangre
la realidad me dio otra zancadilla
Ya estoy aferrado a tus manos de barro

Published in: on julio 7, 2011 at 10:05 am  Dejar un comentario  

Volando sobre Canadá

Caigan los misterios en esta mirada vacía de cielo, hoy que el viento se estremece en huracanes de penumbras, tu espacio de ave circense se arremolina en mis visiones borrosas. Las letras van a sorprenderme con miles de trazos desenfocados, mi vida es un desenfoque, un cuadro movido en el presente, un par de ojos que se pierden en una mancha borrosa. La música se olvida de ser poesía, cae sola sobre el silencio y no deja de ser un retazo de estrella que se deshilacha en acordes. Mi guitarra es un apéndice que creció entre alma y dedos para tratar de acariciar las nubes. Así vamos por el mundo, con un pie chueco de letras y otro oscurecido de sinfonías oxidadas.
Todo, todo está aquí, todo. Estoy negado a ser el abrigo de mi alma, y desde la infinita claridad de tu piel se siembra la noche con letras. No puedo describirte, los símbolos limitan a las almas que deambulan en la noche de tu pelo. Entonces balbuceo poesía, trato de llenar el mar de azul, de ese azul que se hace primavera cuando los peces que nadan en la palma de tus manos se hacen trigo. Esta voz perfecta que dicta cada sílaba (esta voz que no es mía), que lee con pausas, que es un bosque nevado y se hace tormenta al presentir tu luz cercana en algún punto de la galaxia.
Ya vendrán violetas mariposas del palacio rojo de las amapolas, y entre versos y armonías germinarán nuestras canciones hechas nanas, arrullos y viento. El futuro nos reclama, reciclado en sueños y marionetas de cristal que se pasean en casas voladoras por los cielos canadienses. Allá vamos, princesa, allá vamos…

Published in: on junio 8, 2011 at 2:06 pm  Comments (1)  

El viejo de los libros

Hace 15 años ya era viejo. Un viejo flaquito, con el pelo blanco por los hombros, los brazos colgantes y pesados, y unos ojos profundos siempre preocupados como si tuviese la responsabilidad de arreglar los desórdenes del mundo. A mí me lo presentaron cuando todavía me daba vergüenza preguntar todo lo posible, límite que creía superado por el tiempo y por la carrera que elegí, donde para saber hay que preguntar.

Cuando lo conocí aquella vez llevaba un paquete que sin dudas a su edad le pesaba, pero que cuidaba como oro: una cajita de cartón marrón, sin inscripciones y atada con un hilo sisal. Esa vez supe, porque otros hablaron con él, que llevaba libros. Los llevaba de allá para acá, para venderlos de feria en feria, viajando en el Ferrocarril Roca sin pagar.

La última semana me acordé mucho de él y de mis amigos preguntándole si no quería ser mi abuelo. Todavía tengo presentes sus ojos de un celeste velado y hondo, y su respuesta de mueca de científico loco, en una actitud inteligente pero de confusión ante lo que no se comprende. Claro que ese gesto fue una negativa, un llamado de atención a aquellos muchachos (un poco mayores que yo) por querer quedarse en un mundo donde todo se clasifica por lo que se ve, donde los viejos siempre son los abuelos.

Ayer, muchos años después, lo volví a ver como se ve una aparición. Llevaba el pelo blanco y largo, estaba mucho más flaco y sin dudas mucho mas encorvado. Como la primera vez, llevaba unas cajitas que cuidaba con recelo y que acarreaba con dificultad hacia la estación Gerli del Roca. Y a pesar de tantas entrevistas donde conocí desconocidos profesionalizando la empatía (si eso acaso es posible), no tuve el coraje de detenerlo para preguntarle si realmente era parte de este mundo.

Published in: on abril 1, 2011 at 3:29 pm  Dejar un comentario  

Allá, soledad

Abrir un gedit y llenar el vacío negro de mi pantalla mil letras blancas. Soy socio del infierno, caigo en las redes del insomnio letal, los párpados son pesadas auroras australes que se ajustan a mis pupilas. Se embarran las pestañas con lágrimas, voy descalzo en los mares del desierto y en mis manos las flores se hacen gotas prístina. Al viento del mundo, a crina limpia del reloj cabalgo la vida. Soy esta pasión que no se sienta a mirarse, que no objeta arrugas para impresionar. Ya llegarán algunos duraznos otoñales a bañar los bosques con acantilados, y otra vez la copa se inclinará hasta dejar que el crepuscular vino germine en estrellas fugaces. Hoy he vuelto a pintar con los pinceles de la luna en el lienzo del destino.

Published in: on marzo 29, 2011 at 5:47 am  Dejar un comentario  

Abandonado

Un mar de espectros deambula por su psique y de una buena vez en su vida está lejos de todo, o mejor dicho está inmerso en todo pero poco le interesa ese todo. Una y otra vez recorre su mirada descifrando en las niñas de esa mujer los códigos de su propia vida. Uno a uno los símbolos van cayendo en su lugar y amoldándose perfectamente al mapa virgen del presente. Una mueca insondable de placer y deseo de acción embarga sus vidas. Ya no era una simple maquina de pensar y sentir sino que había conjugado las palabras con los músculos de sus manos. Como en el caso de los duraznos, para este momento ya tenia planes bien definidos. Ahora por fin y de una buena vez, pertenecía. No a un todo, sino a una sola persona.
Enciende un sahumerio de sándalo, comprueba la música. Aparentemente todo en orden. Solo queda esperar. Esperar y esperar. Entregar y entregar. ¿Qué mas quieren de él? El celular se mueve nerviosamente en sus manos. No quiere hablar. Tenía la certeza de antemano que el mundo no le iba a regalar ni siquiera un instante. Pero, ¿Regalar? ¿No había decidido accionar en vez de pensar? ¿Por qué está pensando solo? ¿Por qué se pregunta si ha mordido suficientes duraznos? Se decide, desbloquea el celular y escribe: “Todo es perfecto, excepto por tu ausencia”. Envía. Seguramente habrá reído de la frase, pensó “¡Que idiota!” y convirtió su grito desesperado en basura digital. Del otro lado, el pensamiento se convierte en la acción esperada, pero solo hasta cierto punto. Algo en lo recóndito de su alma le martilla las neuronas y el corazón. El golpe es leve, pero no imperceptible.
Sus ojos se han extraviado en una réplica de Münch, y desde lo lejos percibe compañía. Enciende un cigarro que explora su cuerpo como una bala inteligente. Vuelve a sentirse acompañado y hasta acosado. Una mano ejerce una placentera presión sobre su hombro derecho. Sabe quien es la causante, pero teme lo peor. Continúa fumando. La mano recorre su espalda y luego se dirige hacia la cabellera, la acaricia desenfrenadamente y a continuación se vuelve a posar sobre el hombro derecho. Cree que es la oportunidad de mostrarse con temor y seguridad ante un hecho simple. Gira su cabeza y observa lo que esperaba observar…

Published in: on marzo 25, 2011 at 12:40 am  Dejar un comentario  

El Sueño

Un hombre triste encerrado en una habitación, espera que el destino le haga un llamado a su presencia. Enfermo y a veces esquizofrénico le teme a su propia identidad. Escucha risas cercanas y por fin siente en toda su dimensión la soledad. Reflexiona y cree necesario depurar la raza humana de su presencia, eliminar de un soplo todo vestigio de sus brazos. Llora abrazando el aire y exhala características dosis de humedad que jamás mojarán a nadie. Llora y te ve distante. Sueña sueños pesados: Su cuerpo con otra alma deambulando por una ciudad minada de maquillaje y trajes putrefactos, un perro sarnoso huele sus zapatillas Nike y de una reverenda patada lo manda al carajo. Ríe a carcajadas por entenderse alguien. Se mira en los espejos laterales de los automóviles, o quizá en una vidriera y se percibe hermoso y complejo. Se quita el cigarro de detrás de la oreja e interpone entre este momento y el encendido del mismo una solemne ceremonia que nadie ve. Un grupo de mujeres pasan, lo miran, lo besan en la distancia y se siente único. Analiza todo con tranquilidad y una procesión de ritmos en negras a 120 BPM le invaden las neuronas. Estaba en lo correcto, lo había logrado, pertenecía. ¡Que dulce era por fin pertenecer! Paga la entrada y el sonido se acomoda empujando en su sistema auditivo. No para de moverse, las caras se deforman y se cree participe de todo. Perfecto, simplemente perfecto. Bebe una cerveza y otras tantas lo siguen. Ahora su inconsciente lo desborda y el consciente entra dando un estridente golpe en su cabeza. Despierta. Soledad, su cuerpo no ha cambiado (Y mucho menos su alma)

Published in: on marzo 19, 2011 at 5:04 am  Dejar un comentario  

Silencio marchito

El tiempo le asomaba entre los párpados.  Los meses se habían colado en su piel, alguna vez suave, y ahora su cuerpo entero era un frágil calendario.

Tenía el cabello almidonado de huellas grisáceas. Las nevadas de algún Abril de antaño habían quedado postradas en sus rizos inquebrantables. También sus pestañas se dibujaban de invierno, y sus cejas fruncidas eran claras como un amanecer aledaño. Un mar perlino había llovido en sus ojos y cubría delicadamente su iris tembloroso.

Los pliegues de su piel asimilaban renglones ausentes, y esa tarde me senté a leer su historia. Los años se escribían y describían en cada arruga débil que se acomodaba sobre su rostro cansado. Sus mejillas aún guardaban el ardor rojizo de una juventud que atesoraba en los recueros encrustrados en los repliegues de su cuerpo. Sabía que en toda su nívea piel se habían tatuado las memorias de su andar, y no necesitaba hojas para deletrearlas.

Era fácil descifrar las quimeras que inútilmente intentaban ocultarse en los surcos de sus labios. Por un momento los nombres de quienes los habían besado se escribieron en su boca como un ave de paso. Sus manos se vestían de cortezas, y ahí, en las hendiduras superficiales de sus dedos finos, se dejaba ver una leyenda que mis ojos indiscretos, placenteros espectadores, ojeaban sin detenerse.

Algo de su pasado, algo de los caminos que se habían grabado en su cabello, algo de los amores y desamores que descansaban distraídos en su espalda; quizás algo de los encuentros y las pérdidas que se recostaban en un letargo agridulce sobre sus uñas quebradizas. Algo de su piel de pergamino me había invitado a descubrir qué calles se enredaban en sus hebras desteñidas, qué cartas se escondían en su sien, qué palabras habían muerto en su garganta.

Esa tarde me sentí como una niña descubriendo una fábula escondida en una silueta mágica. Leí silenciosamente cada palabra ingenuamente escrita en su tez ajada. Ningún vocablo manó de su angostura, pero ese atardecer todas sus crónicas se dejaron ver en su talle marchito.

El tiempo le asomaba entre los párpados.  Su anatomía entera era un calendario sutil, finamente acomodado sobre el banquillo estático de aquella plaza. Sus manos curtidas y agitadas se posaban una sobre la otra. Algo de las sombras bajo sus pies me invitó a leer su semblanza discreta. Algo de su mirada distante llenó las páginas de una obra enmudecida, y toda su añeja poesía se imprimió en mis ojos desconcertados.  Y fue, sin lugar a dudas, la mejor que he leído.

 

Medjai-

Published in: on marzo 17, 2011 at 5:54 am  Comments (1)  

Conjuros rojizos

-La luz lo quebró- Por Veritux -

“Lo mas bello no fue sospecharte, sino saberte humanamente cierta.”

Desaparecen con el calor del día los residuos de la noche
y en el amanecer de tus pupilas veo mucha muerte
el ámbar de tus manos se entrecruzan con el añil de un sueño
y las centellas amenazan con caer sobre tu cuerpo
¡Cuantas ilusiones se derraman sobre tu cuello!

Desde un indómito anaquel olvidado me hablan los muertos
aquellos hombres que fueron tantas veces yo,
aquellos que en el cielo púrpura de tu mirada habitan
y se escapan cuando estás lejos
¡Oh! La luz de tu vida chocando contra el borde de mi alma
llenando de soledad lo vacío, escarbando en la escarcha de tus manos
¡Oh! Musa ciclópea habitante de aljibes olvidados
Arqueológica mirada, tensa cintura, altura infinita
escapas en los barcos que desvisten la noche con ronquidos abismales
y dejan un tajo profundo que recubren con hielo invisible
Antes de que se poblara el sol de girasoles,
mis gorriones solían libar el néctar galáctico de la desazón,
luego se escondían en tumbas olvidadas
aquellas que nadie se atrevió a seguir llorando,
y desde allí resucitaban conjuros rojizos,
hamacandosé en el torrente de algún río
hasta llegar al núcleo donde tu realidad comenzó a gestarse.

Published in: on marzo 10, 2011 at 10:48 pm  Dejar un comentario